Los mercados financieros con alta volatilidad son más difíciles de predecir que de proteger. Se debe construir un portafolio robusto a través de la diversificación y asignación estratégica de activos, manteniendo su estabilidad frente a las fluctuaciones del mercado. Entender las características y riesgos de cada tipo de activo es más importante que simplemente observar la dirección del mercado.
Los bonos son relativamente estables aunque sus rendimientos cambian con los tipos de interés; a largo plazo, los bonos actúan como un puente entre el efectivo y el dólar. El dólar es una moneda de reserva volátil, mientras que el efectivo representa el activo más básico para minimizar la volatilidad inmediata. Una asignación adecuada de estos cuatro activos permite construir portafolios que respondan a la volatilidad.
En cuanto a las acciones, lo importante no es la categoría sino el modo de inversión. Cuando los mercados de acciones se disparan, los inversores entran en dilema; invertir cuando el precio ya está alto resulta oneroso y esperar más tiempo suele llevar a pérdidas. Si el mercado corre una tendencia bajista, también es difícil vender sin perder. Por tanto, para elevar la rentabilidad mientras se dispersa riesgo, se debe reajustar las ponderaciones de cada activo y revisar el portafolio continuamente.
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