Se plantea el análisis de que la retórica y la actividad en las redes sociales del presidente estadounidense Donald Trump se han convertido en el mayor factor de incertidumbre para los mercados de capitales estadounidenses. Bloomberg, el pasado 25 en hora local, reveló un hecho interesante citando un informe de la agencia Fundstrat Research: desde que el presidente Trump asumió el cargo oficial, los cinco días con las mayores variaciones alcistas o bajistas del índice S&P 500 han tenido una conexión directa con sus declaraciones o publicaciones en redes sociales. Esto es un fenómeno excepcional que ningún líder político ha mostrado desde la administración Reagan en la década de 1980, demostrando cuán poderosamente la voluntad de una persona concreta puede determinar el rumbo de la economía.
Las reacciones que aparecen en el mercado tienen una forma inmediata, con una brecha casi nula entre las palabras y las acciones. Al examinar casos concretos, podemos ver que cuando el 9 de abril se anunció la suspensión de las aranceles, el índice S&P 500 subió de golpe un 9,5%, y un mes después, el 12 de mayo, con el acuerdo de cese del fuego comercial entre Estados Unidos y China, el índice subió un 3,3%. Por el contrario, cuando el 3 de abril se anunciaron medidas arancelarias en todas las direcciones, el índice cayó un 4,8%, y al día siguiente de que China tomara medidas de represalia, cayó otro 6% adicional. En la reciente tensión en la región del Medio Oriente también se ha repetido un patrón similar: cuando el 20 de marzo se hizo pública una declaración en contra del fin de la guerra, el índice cayó un 1,5%, pero tras la noticia del avance en las negociaciones el 31, subió un 2,9% y logró una recuperación en forma de V en un corto período. El hecho de que en solo 11 días de negociación se haya recuperado una caída del 9% respecto al máximo histórico y se haya superado la máxima histórica demuestra hasta qué punto la psicología del mercado reacciona de manera sensible ante factores extremos.
El impacto de este fenómeno no se ha limitado al mercado de valores, sino que se ha extendido a todo el ecosistema financiero. La volatilidad de los precios de las materias primas se ha incrementado y el precio del petróleo ha vuelto a niveles iniciales de la etapa temprana de la pandemia de COVID-19, aumentando la incertidumbre. En Wall Street, se señala y expresa preocupación por el hecho de que la influencia personal del presidente se ha vuelto demasiado grande. Mientras que en el pasado las variables clave para determinar la dirección del mercado eran los indicadores económicos, las tasas de interés y los resultados empresariales, ahora las propias declaraciones del presidente se han convertido en el disparador más importante. Fundstrat describió esta situación de manera directa como "el presidente sujetando las riendas del mercado", advirtiendo que esto podría dañar la autonomía del mercado.
Sin embargo, los expertos plantean una contraargumentación, sosteniendo que es difícil explicar este fenómeno simplemente como una expansión de la influencia del presidente. El índice de volatilidad no muestra grandes diferencias comparado con el pasado, por lo que la inestabilidad básica del mercado se mantiene; además, el aumento de la participación en inversiones pasivas ha elevado estructuralmente la sensibilidad hacia las noticias, un punto que no puede ser ignorado. Es decir, se interpreta que la volatilidad extremadamente severa actual se debe a la acción combinada de factores políticos y cambios en la estructura del mercado. Es muy probable que en el futuro las políticas y declaraciones del presidente sigan siendo un motor principal que determine las subidas y bajas del mercado, por lo que la situación requiere una preparación urgente.