El lunes pasado (31 de octubre), ante la presentación del informe del Comité Federal de Política Monetaria en el Palacio White, el presidente Donald Trump reiteró que la tasa de referencia de EE. UU. está demasiado alta y abogó una reducción al nivel más alto del mundo. Señaló preocupaciones sobre las políticas de flexibilización monetaria, desmitió los riesgos inflacionarios y refutó con firmeza la relación entre crecimiento económico e inflación.

El presidente Trump afirmó que el crecimiento económico no es la causa de inflación, y que no hay razón para subir las tasas cuando se logra rendimiento económico; por lo tanto, enfatizó la necesidad de bajar las tasas en muchos casos. Esta declaración surgió antes de la reunión anual del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) programada para los días 15‑16 de septiembre, y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, en una reunión del 28 de agosto en la Casa de la Banca, había declarado que “si no se alivia la presión inflacionaria, no consideraría un aumento de tasas”.

En el ámbito financiero, la tensión entre las políticas monetarias de los bancos centrales y los reguladores ha vuelto a intensificarse desde la última reunión del presidente Powell. El énfasis en la independencia bancaria y el desempeño económico se han convertido en variables principales que podrían aumentar la volatilidad de los mercados financieros.

En conjunto, el presidente Trump contempla la dirección de la política monetaria de EE. UU. y reafirma su apoyo a una reducción de tasas. Sus declaraciones otorgan incertidumbre al mercado financiero interno y externo y amplían las posibilidades de debate sobre futuras decisiones políticas.